Mostrando entradas con la etiqueta ¡Despertad!. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ¡Despertad!. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de octubre de 2017

Enséñeles a navegar seguros por Internet

EL PROBLEMA

Las noticias le dan la impresión de que Internet es un refugio de acosadores, depredadores sexuales y ladrones de identidad. Eso le preocupa, pues su hijo está a menudo en línea y parece que no conoce los peligros a los que se expone.

Usted puede enseñarle a navegar con seguridad por Internet, pero primero debe conocer mejor cómo es la vida en el ciberespacio.

LO QUE DEBE SABER

Es posible acceder a Internet desde dispositivos móviles. Tener la computadora en un lugar visible de la casa sigue siendo buena idea. Pero si la tableta o el teléfono inteligente de su hijo tienen conexión a Internet, él podrá estar en línea cuando quiera... ¡y sin supervisión!

Algunos jóvenes pasan demasiado tiempo en Internet. “Enciendo la computadora con la intención de pasar cinco minutos leyendo mi correo, pero acabo viendo videos durante horas —admite una joven de 19 años—. Tengo que aprender a controlarme.”

Los adolescentes suelen revelar más información de la que deberían. Hay personas malintencionadas que utilizan las fotos y los comentarios que los jóvenes publican para tratar de descubrir dónde viven, a qué escuela van o cuándo están solos en casa.

Algunos no comprenden las consecuencias de lo que ponen en línea. Lo que se sube a Internet se queda para siempre en Internet. A veces se publican fotos o comentarios comprometedores, y puede que con los años alguien los encuentre, tal vez un patrón que está evaluando las solicitudes de posibles empleados.

Recuerde: el problema no es Internet, el problema es cómo se usa.

LO QUE PUEDE HACER

Enséñele a establecer prioridades y a usar bien el tiempo. Para convertirse en un adulto responsable hay que aprender a poner en primer lugar las cosas importantes. La comunicación familiar, los deberes escolares y las tareas del hogar son más importantes que Internet. Si su hijo pasa demasiado tiempo conectado, póngale un límite y, si es necesario, use un cronómetro. (Principio bíblico: Filipenses 1:10.)

Enséñele a pensar antes de publicar algo en línea. Ayude a su hijo a hacerse preguntas como: “¿Podría ofender a alguien con este comentario? ¿Dañará mi reputación esta foto? ¿Me avergonzaría de que mis padres y otros adultos vieran esta foto o leyeran este comentario? ¿Qué impresión tendrían de mí? ¿Qué pensaría yo de alguien que publicara esta foto o este comentario?”. (Principio bíblico: Proverbios 22:3.)

Enséñele a guiarse por valores, no solo por reglas. Es cierto que no puede controlar cada movimiento de su hijo. Además, su meta no es esa, sino ayudarle a desarrollar la capacidad de “distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:14). Así que en vez de centrarse en reglas y castigos, enséñele a preguntarse qué reputación quiere tener, por qué cualidades quiere que lo conozcan, etc. La responsabilidad de usted es ayudarlo a tomar buenas decisiones, esté con él o no. (Principio bíblico: Proverbios 3:21.)

Para conducir un automóvil no basta con saber cómo hacerlo, también hace falta ser prudente. Lo mismo pasa con Internet. Su hijo necesita que usted lo guíe. Después de todo, como dijo Parry Aftab, una especialista en seguridad en Internet: “Los muchachos podrán saber más de tecnología, pero los padres saben más de la vida”.

Con información de
¡Despertad! Mayo 2014
Páginas 8,9

martes, 24 de octubre de 2017

¿Cómo hacer las paces?


Refiriéndose a los seres humanos, la Biblia declara: “Todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Es de esperar que entre los más de siete mil millones de personas imperfectas del planeta surjan choques. Ahora bien, ¿cómo podemos hacer las paces cuando llegamos a tener problemas con alguien?


La Biblia, un libro con consejos muy prácticos, afirma que nuestro Creador, cuyo nombre es Jehová, es “el Dios de la paz” (Hebreos 13:20; Salmo 83:18). ´El desea que sus criaturas terrestres disfruten de relaciones pacíficas, e incluso nos ha puesto el ejemplo. Al pecar, Adán y Eva arruinaron la relación de la humanidad con Dios. No obstante, Jehová tomó de inmediato las medidas necesarias para reconciliarse con su creación humana (2 Corintios 5:19). A continuación veremos tres consejos que nos da la Biblia para reconciliarnos con los demás.

Perdonar sin reservas

¿Qué dice la Biblia? “Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros si alguno tiene causa de queja contra otro. Como Jehová los perdonó liberalmente a ustedes, así también háganlo ustedes.” (Colosenses 3:13.)

¿Cuál es la dificultad? Quizás usted tenga una verdadera “causa de queja” y crea que la relación con el ofensor merece terminar. O tal vez piense que este debe pedirle perdón primero. Pero ¿y si dicha persona no sabe que lo ha ofendido o considera que usted es quien lo ha lastimado? En ese caso, el problema quedará sin resolver.

¿Qué hacer? Siga el consejo bíblico de perdonar sin reservas, en especial si la falta no fue grave. A fin de cuentas, si Dios llevara un registro de nuestros errores, ¿quién podría dar la cara ante él (Salmo 130:3.) La Biblia dice que “Jehová es misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa. Pues él mismo conoce bien la formación de nosotros, y se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:8, 14).

Fíjese también en este proverbio bíblico: “La perspicacia del hombre ciertamente retarda su cólera, y es hermosura de su parte pasar por alto la transgresión” (Proverbios 19:11). La persona perspicaz ve más allá de las apariencias, es capaz de discernir la razón por la que alguien dice o hace algo poco amable. Pregúntese: “¿Por qué me trataría así? ¿Estaría bajo presión, o quizá tenía cansancio o algún malestar?”. Identificar los verdaderos sentimientos y motivos, así como las circunstancias del ofensor, podría templar su indignación y ayudarle a pasar por alto las faltas.

Hablar con el ofensor

¿Qué dice la Biblia? “Si tu hermano comete un pecado, ve y pon al descubierto su falta entre tú y él a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano.” (Mateo 18:15.)

¿Cual es la dificultad? Las emociones negativas —como el temor, la ira y la vergüenza— pudieran 

impedirle que aborde al implicado para resolver la situación. Además, es posible que usted se sienta tentado a buscar apoyo contando a otros lo sucedido, lo cual probablemente avivará y agrandará el problema.

¿Que hacer? Si la ofensa es grave y usted cree que es imposible pasarla por alto, hable con el implicado. Al tratar el asunto, procure hacerlo de la siguiente manera:

1) Lo mas pronto posible. No deje las cosas para después. De otra forma, el problema podría agravarse. Ponga en practica el siguiente consejo de Jesús: “Si estás llevando tu dádiva al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu d ´ adiva all´ı enfrente del altar, y vete; primero haz las paces con tu hermano, y luego, cuando hayas vuelto, ofrece tu dádiva” (Mateo5:23, 24).

2) En privado. Resista la tentación de contar a los demás lo que ocurrió. Proverbios 25:9 aconseja: “Defiende tu propia causa con tu semejante, y no reveles el habla confidencial de otro”.

3) Calmadamente. Reprima la tendencia a analizar quién tiene la razón. Su objetivo es hacer las paces, no ganar la pelea. En vez de usar la palabra tu, procure hablar en primera persona. Por ejemplo, decir: “Me siento mal porque...” puede dar mejores resultados que decir: “¡Tú me hiciste sentir mal!”. La Biblia declara: “Sigamos tras las cosas que contribuyen a la paz y las cosas que sirven para edificación mutua” (Romanos 14:19).

Ejerza gran paciencia

¿Que dice la Biblia? “No devuelvan mal por mal a nadie. [...] ‘Si tu enemigo tiene hambre, alimentalo; si tiene sed, dale algo de beber’.” (Romanos 12:17, 20.)

¿Cual es la dificultad? Si en el primer intento no consigue hacer las paces, probablemente usted se desanime y quiera tirar la toalla.

¿Que hacer? Sea paciente. El temperamento y el nivel de madurez varían en cada caso. A algunos quizá les toma tiempo calmarse, y otros todavía están aprendiendo a desplegar cualidades cristianas. Siga mostrando amor y bondad.

La Biblia hace esta exhortación: “No te dejes vencer por el mal, sino sigue venciendo el mal con el bien” (Romanos 12:21).

Se necesita humildad, perspicacia, paciencia y amor para hacer las paces. Pero disfrutar de relaciones pacíficas bien vale la pena.

lunes, 23 de octubre de 2017

¿Está usted en paz con su prójimo?


Ama a tu prójimo. Eso es lo que se nos ha dicho. Sin embargo, no siempre es fácil. Solo el mantener la paz ya es de por sí difícil. La música rock del vecino de al lado hace retemblar las paredes de su casa. Los hijos del vecino alborotan en el pasillo. En la calle, uno corre el riesgo de ser asaltado. Al conducir en la carretera, otro automóvil se le adelanta casi echándosele encima. . . si usted le toca el claxon, ¡hasta podrían darle un tiro! ¿Una exageración? Tal vez en algunos lugares, pero no en las grandes ciudades. Los suburbios y las zonas rurales tienen sus propios problemas que dificultan el amor al prójimo.

Gran parte de la tensión se origina de este sistema de cosas moderno dominado por la tecnología. El hacinamiento en las ciudades convierte a mucha gente en enemigos mortales. En las horas punta, el tráfico rodado avanza a paso de tortuga, mientras los conductores van que echan humo. La gente en las zonas rurales corre gritando tras las gallinas del vecino que se han metido en el jardín y se lo han arruinado. Los granjeros pierden hasta la camisa cuando una plaga de insectos inmune a los plaguicidas destruye sus cosechas. Y en todas partes las industrias arrojan al medio ambiente sustancias contaminantes. El aire se oscurece por causa de la polución, cae lluvia radiactiva, mueren los peces de los lagos y hasta el agua del subsuelo está contaminada por causa de los vertidos químicos tóxicos. La salud se deteriora y se pierden vidas.

De esta manera y de muchas otras se acumula la tensión en la vida de millones de personas mientras las emociones están a flor de piel, listas para explotar, y muy a menudo explotan. Muchos buscan una via de escape dejándose arrastrar por búsquedas carnales. El materialismo egoísta, las juergas sociales, las drogas, los estilos pervertidos de vida. . . todo lo que contribuya a refugiarse en el culto del yoísmo. El amor de sí mismos puede más que el amor al prójimo, mientras la carne se sacia y el espíritu muere de inanición.

Y en los países más pobres, tanto la carne como el espíritu padecen inanición. Las revoluciones devastan la población, las enfermedades arrebatan vidas, el hambre cunde por el país, muere la esperanza, reina la desesperación.

No, en este sistema de cosas moderno no siempre es fácil amar al prójimo. Sin embargo, el amor al prójimo existe y hay muchas personas que disfrutan de paz con su prójimo.
Con información de
¡Despertad!, 22 de enero de 1986.
Página 3.